Creed: Haters gonna hate



Por: Carolina Velásquez Los gringos le tienen un desprecio especial a Creed, lo mismo que sucede con Nickelback, otra de las agrupaciones que se desarrollaron bajo el alero del post grunge. Que su sonido es comercial, es el peor agravio que ven los más puristas. Acá en Chile no llegó a sonar en las radios cuando estuvo de moda, ni siquiera en las especializadas. Al menos no con su álbum debut que es, a mi parecer, una joyita subestimada. Publicaron My Own Prison hace ya más de veinte años, y está compuesto por diez canciones, que en términos generales, explotan la esencia del metal alternativo que se desarrolló con fuerza en torno al milenio.


La guitarra de Mark Tremonti nos da la bienvenida con “Torn”, la primera canción de esta lista de reproducción. Es densa, lenta, pero no por ello menos enérgica. En “Ode”, este cuarteto pone el pie en el acelerador. Pasa que en este disco debut, y como ocurre con muchas otras bandas, está muy presente la furia en la composición. Si se hace un contraste con sus registros posteriores, se nota un giro de tuerca, un cambio de dirección creativa que de algún modo afectó a su propia personalidad. Me atrevería a decir que en “My Own Prison” – pieza que le dio el nombre a este disco – está documentado todo lo que distingue a Creed. Los apoyos vocales de Tremonti ya adelantaban su incursión como vocalista. Otro punto a destacar es el hipnotizante bajo de Brian Marshall que le da un cariz muy pesado a la atmósfera sonora de este track. Si tuviera que hacer un top cinco con mis canciones favoritas, seguro “Pity For a Dime” estaría ahí. Aquí la ejecución de la guitarra es cristalina y dulce, al menos en su inicio. La voz calma y grave de Scott Stapp se acopla a la perfección con el resto de la banda. Una canción rockera no es nada sin un solo o un puente donde la parte instrumental se pueda lucir. Con Creed, los solos de guitarra nunca faltan, y eso realmente se agradece. Tremonti aún no terminaba de desarrollar el nivel técnico que lo ha elevado como uno de los mejores guitarristas de la escena, pero ya mostraba una destreza que a simple oído lo hacía diferente de todo lo demás. “In America” tiene un coro muy pegajoso, pero extrañamente no es single. Acá Marshall también hace de las suyas. “Illusion” y “Unforgiven” son mucho más heavies que las pistas anteriores, más desordenadas, como el demo de una banda emergente. En “Sister” se equilibra un poco la balanza, pues su fórmula es más hard rock, suena muy familiar a lo que hicieron unos cuatro años más tarde cuando lanzaron su tercer disco titulado “Weathered” (2001), donde las cuerdas son más juguetonas y más pulidas.




“What’s This Life For” es un libro aparte. Es una de las canciones más conocidas de la banda. Es hermosa de principio a fin. La composición en la guitarra es eufónica y conmovedora, la entonación de Stapp es perfecta, mientras un oportuno, pero tímido piano se abre paso en su último tercio de duración. “One” sonó mucho en mi casa, mi hermano reproducía una y otra vez esta canción cuando obtuvimos el disco por allá en el 2000. Lo curioso es que jamás llegué a odiarla (como sí lo hice con algunas de sus obsesiones musicales temporales). Es easy listening, pero en el buen sentido de la palabra, tiene una estructura bien hecha, es casi como un himno. Con esto vuelvo al tema de lo subvalorado, ya que lo más seguro es que esta pieza hubiese sido mucho más exitosa si otra banda la hubiese publicado (una que generara más simpatía). La verdad es que ninguna etapa de Creed es igual a la anterior, es todo un proceso de descubrimiento y reinvención. Lo importante de este primer disco, es que contiene un versión más genuina y concentrada de lo que define su sonido, y no precisamente la que los popularizó entre los haters. Artista: Creed Disco: “My Own Prison” Año: 1997 Duración: 47:06 Sello: Wind-Up Records



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